lunes, 13 de febrero de 2012

ESA BELLA EXTRANJERA DE OJOS NEGROS


Nuestros bosques nativos están siendo colonizados por una planta exótica que puede extinguirlos. La llamamos con cariño ojo de poeta y es conocida en otras latitudes con una variedad de nombres que también denotan querencia: ojitos negros, Susana de los ojos negros, ojo de Venus, anteojo de poeta.

Es una mata herbácea, de la familia de las acantáceas y del género de las thumbergias, denominadas así en reconocimiento al botánico sueco Carl Peter Thumberg. Su nombre especifico, con todos sus apellidos, es Thumbergia Alata Bojer ex Sims var, y es nativa de África. No está catalogada como parásita, pero si es –como se indica en algunas publicaciones que la describe– vivaz, persistente, trepadora e invasora. Sin embargo, a pesar de tener estas características que nos pondrían en alerta si se tratara de una muchacha de sangre y huesos, y no de savia y ramas como es su caso, y de que varias personas a quienes he consultado, entre ellas biólogos y botánicos, dan fe del daño que está haciendo y la amenaza que representa, hay poca información sobre peligro que encarna si se sigue reproduciendo sin control.

Amparada en su gracia natural, adornada con flores de cinco pétalos de color amarillo anaranjado, con un profundo ojo negro en el centro y verdes hojas opuestas y sagitadas, no sólo se libra de ser combatida sino que seduce a los inadvertidos que con fines estéticos y bienintencionados la cultivan en sus jardines o parcelas y le permiten propagarse a su amaño. Para colmo, una vez que llega a una región se afinca en ella sin necesitar de manos que la siembren. Valiéndose de sus semillas aéreas y saltarinas, de rápida germinación, va invadiendo terrenos y conquistándolos. Por su condición rastrera original repta sobre hierbas y rastrojos, y busca altura para escapar del sombrío y optimizar su fotosíntesis aferranoose y trepanos sobre cuanta maleza, mata, arbusto o árbol encuentra a su paso.
Viajera incansable y promiscua, tal vez no hay país que esta atractiva planta no haya visitado. Pero no en todas partes se ha propagado como una “mala hierba” ni ha hecho de las suyas. En territorios con estaciones, de clima muy contrastante, no ha podido proliferar y se ha limitado a permanecer en macetas, en interiores o en invernaderos bajo condiciones especiales. Estando a la intemperie no sobrevive a los inviernos con bajas temperaturas ni a los veranos muy cálidos. Por eso allí se considera una mata anual, que brota y prospera en ciertas épocas, y no representa amenaza. Lo grave es que en Colombia, debido a sus zonas intertropicales, se ha naturalizado y ha encontrado un hábitat propicio para su propagación: Una tierra rica en humus y un clima sin estaciones, lo que le ha permitido convertirse en una planta perenne que germina, florece y se reproduce todo el año.
Esta coqueta extranjera, que parece “vestida para matar”, alcanza en ocasiones hasta ocho metros de altura y abraza la vegetación que va encontrando a su paso, con una maraña de lianas, hojas y flores tan tupida que una vez se ha instalado en los bosques y los envuelve, se hace muy difícil de erradicar. Para lograrlo se requiere –labor para titanes ecologistas y amantes del medioambiente– entrar en la espesura, arrancar sus tentáculos de raíz y retirarlos para que no germinen. Además se debe hacer limpiezas periódicas, pues por más exhaustiva que sea la poda quedarán raíces y semillas que brotarán de nuevo.
He sido testigo de la dificultad arriba mencionada para detener esta invasión del ojo de poeta en muchos parajes de Medellín y del Oriente antioqueño. A diario, y con tristeza, advierto su presencia en árboles solitarios y en bosques que morirán por su abrazo si quienes los albergamos en nuestros predios no somos conscientes de esta amenaza y tomamos medidas para detenerla.

Resultado de imagen para ojo de poetaHace unos años, cuando sin ser invitada brotó junto al portón de la casa en donde vivo, me cautivo y la hospedé con cariño, de manera permanente, permitiéndole crecer a su amaño. El día que vi caer el arrayán que me era más querido, al que le había permitido subirse porque con su tramposo juego seductor parecía embellecerlo mientras lo iba ahogando, supe de sus alcances.


Por eso, y porque después de esa pérdida he venido observando su reproducción promiscua, es importante que su cultivo se restrinja a macetas, jardines y terrenos donde pueda ser supervisada. Estamos a tiempo de evitar un daño ecológico de una magnitud que no alcanzamos a dimensionar.

Convoco a las personas que deseen sumarse a esta campaña a que visiten a menudo esta página y participen con comentarios y propuestas. A través de ella podemos conformar grupos de guardabosques voluntarios que cuando notemos la presencia del ojo de poeta amenazando nuestra flora demos la alarma y nos animemos a combatirlo. Y que si la situación es extrema y lo amerita, organicemos brigadas de limpieza, con el previo permiso de quien deba otorgarlo y ojalá con su apoyo. 

Será de gran ayuda, además, que el Ministerio del Medio Ambiente, las corporaciones autónomas regionales, los jardines botánicos, el Instituto Humboldt y las ONG que trabajan en pro del medioambiente, hagan campañas para enterar a la comunidad del peligro que representa esta mata que sí mata, y que los medios de comunicación ayuden a difundirlas. No vaya a ser, insisto, que en unos años arrase buena parte de nuestra biodiversidad vegetal, con la mengua consecuente de quebradas y ríos.